Abrazando maternalmente a tu niño interior como la Madre María abraza al Niño Jesús

Abrazate a ti mismo. Ámate a tí mismo. Se tu propia madre.

Conozco a la mujer más sabia y fuerte que alguna vez fue y siempre será. Sé que ella nunca apartó la mirada del dolor. Sé que ella supo estar quieta y conocer el YO SOY. Sé que ella atesoraba todas las cosas en su corazón. Sé que sus lágrimas sagradas cultivaron el paraíso en su corazón. Sé que cuando la espada le atravesó el corazón, eligió transformar esta herida en la puerta de la salvación, y que siempre les abre la puerta a los que llaman. Sé que ella es el primer amanecer de la creación que dio a luz la primera Luz de luces. Y sé que fue en el silencio de su vientre que ella llevó en el seno la Palabra y solo habló una vez cuando Él nació.

Es ella quien nos enseña a ti y a mí cómo abrazar maternalmente nuestra cruz dejando que el amor perfecto expulse el miedo y venza la muerte. Ella es la maestra en la escuela del amor, la escuela dentro de nuestro corazón.

BIBLIA El Amor 1 Cor 13: 4-8 | Gaming logos, Thoughts, Logos

Nuestra Santísima Madre María la Theotokos nos muestra su coraje y fuerza mientras se para al pie de la cruz y no mira hacia otro lado mientras contempla a su hijo sufriente. De la misma manera, ella nos abraza a ti y a mí mientras enfrentamos todas nuestras muertes diarias, nuestras cruces diarias que hacen que nuestros corazones estén tan pesados ​​que es doloroso respirar.

Y así, tú en el espejo, sé como esta mujer sabia y valiente, ten compasión (latín com = con pati = sufrir = sufrir con) por ti mismo, sufre contigo mismo. No apartes la mirada de ti mismo. Abrazate a ti mismo. Ámate a tí mismo. Mímate a ti mismo y sonríele tiernamente a tu Niño interior cuando estés herido, cuando estés asustado. No te apresures. Abrázate. Envuélvete en ti mismo. Y entonces, y solo entonces, podrás permanecer quieto en tus pensamientos, palabras y hechos y no hacer algo allí, sino simplemente ser alguien aquí para tí y para mí.

Tú en el espejo. Quédate conmigo. Por favor, no me apartes la mirada. Sé que no es cómodo que me mires a los ojos. Sé que no es conveniente simplemente “ser” alguien conmigo y tomar mis manos en lugar de poner mis manos a trabajar para “hacer” algo. Pero no olvides que eres un ser humano y no un humano haciendo, y hacer es simplemente algo que haces, pero ser es quien eres y ser es lo que necesito de ti ahora mismo.

Sé que es doloroso abrazarme ahora mismo y que es más fácil apartar la mirada. Sé que quieres olvidar estas cicatrices y taparlas. Sé que es por eso que llenas tu día haciendo esto para x, y, y z y moviéndo ésto aquí y allá una y otra vez. Yo sé que tienes miedo y por eso llenas tu cabeza de pensamientos, tu boca de palabras, tu lengua de gustos, tus oídos de sonidos, tu nariz de olores, tus manos de cosas, tus pies de lugares y tu piel de toques. En tu sobreestimulación, te estás adormeciendo. Y aquí estoy tratando de hacerte saber que está bien llorar conmigo – contigo – y que tus heridas necesitan la sal de tus lágrimas para sanar.

Así que no apartes la mirada. No necesito que hagas nada por mí. Solo necesito que estés conmigo. ¿Serás íntimo y vulnerable conmigo? ¿Puedes estar desnudo y sin avergonzarte contigo mismo?

La raíz de tu felicidad está en aprender a abrazarte a ti mismo, en lo que consideras el lado bueno y el lado malo, lo bello y lo feo en ti. Tu felicidad depende de que aprendas a enraizarte dentro de la permanencia de tu ser, ya que la impermanencia de tu hacer y el hacer de él y de ella y el de los demás y de la naturaleza transitan sin cesar como un péndulo y se transforman de nacimiento a muerte, de algo viejo a algo nuevo constantemente.

Así que no dejes que tu paz interior sea barrida por los movimientos necesarios de las leyes de la naturaleza: cuando las cosas suben, deben bajar, la comodidad se convierte en incomodidad, el placer en dolor, la alegría en tristeza, primero recibir y entonces dar, ahora ganar y después perder, la crítica a la alabanza, el orgullo a la vergüenza y viceversa. Si tu felicidad radica en esta perseguir el cambio, y estás tratando de agarrar la arena que se filtrará a través del reloj de arena, entonces nunca estarás contento. Pero si aprendes a abrazarlo todo, a estar mientras hacer, entonces puedes encontrar la paz que el mundo no puede darte, el regalo de la paz.

Entonces, tú en el espejo, quédate conmigo – contigo mismo – como la Madre se queda con su Niño.

STABAT MATER

La Madre piadosa estaba
junto a la cruz y lloraba
mientras el Hijo pendía.
Cuya alma, triste y llorosa,
traspasada y dolorosa,
fiero cuchillo tenía.

¡Oh, cuán triste y cuán aflicta
se vio la Madre bendita,
de tantos tormentos llena!
Cuando triste contemplaba
y dolorosa miraba
del Hijo amado la pena.

Y ¿cuál hombre no llorara,
si a la Madre contemplara
de Cristo, en tanto dolor?
Y ¿quién no se entristeciera,
Madre piadosa, si os viera
sujeta a tanto rigor?

Por los pecados del mundo,
vio a Jesús en tan profundo
tormento la dulce Madre.
Vio morir al Hijo amado,
que rindió desamparado
el espíritu a su Padre.

¡Oh dulce fuente de amor!,
hazme sentir tu dolor
para que llore contigo.
Y que, por mi Cristo amado,
mi corazón abrasado
más viva en él que conmigo.

Y, porque a amarle me anime,
en mi corazón imprime
las llagas que tuvo en sí.
Y de tu Hijo, Señora,
divide conmigo ahora
las que padeció por mí.

Hazme contigo llorar
y de veras lastimar
de sus penas mientras vivo.
Porque acompañar deseo
en la cruz, donde le veo,
tu corazón compasivo.

¡Virgen de vírgenes santas!,
llore ya con ansias tantas,
que el llanto dulce me sea.
Porque su pasión y muerte
tenga en mi alma, de suerte
que siempre sus penas vea.

Haz que su cruz me enamore
y que en ella viva y more
de mi fe y amor indicio.
Porque me inflame y encienda,
y contigo me defienda
en el día del juicio.

Haz que me ampare la muerte
de Cristo, cuando en tan fuerte
trance vida y alma estén.
Porque, cuando quede en calma
el cuerpo, vaya mi alma
a su eterna gloria. Amén.

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